lunes, 17 de agosto de 2026

Una paz que no conoce su nombre, no es paz


Ayer tuve la oportunidad de ver "La Odisea" en versión cinematográfica de Christopher Nolan, basado en la versión literaria de la clasicista Emily Wilson, y evidentemente inspirado en la obra atribuida al poeta e historiador Homero.

Sin entrar en detalles más específicos de dicha obra original, sabemos que las historias que perduran a través de los milenios, lo hacen porque resuenan en la épica del alma de todos los humanos y con esto me refiero al periplo que se emprende cuándo un ser decide asumir "el viaje del héroe", que se mira como la gran aventura en la que saldrás uno, y regresarás otro, un viaje que comienza en un punto y que después de recorrer toda una "odisea" de eventos, nos llevará  finalmente a retornar al mismo punto de donde partimos, pero ya transformado en una versión refinada de uno mismo.

Sé que a simple vista, puede parecer absurdo: irse para regresar al mismo sitio, ¿Cuál es el sentido? 😶

El sentido que vemos también cuando reflexionamos que Jacob ya vivía en Canaán y su periplo se hace con todo el grupo de almas que deben regresar para transformarlo en "Israel", después de hacer todo el proceso espiritual de todo un linaje hasta volver ya siendo "otros" pero de alguna manera "los mismos"

Pues bien, siguiendo con el símil de la Odisea, comprendemos que sin esa aventura, sin esa búsqueda de "quien sabe qué" que el alma clama encontrar y que causa un desasosiego innombrable -y por tanto desesperante-, no se propiciaría la transmutación ni la ruptura del ego que proporciona el transcurrir del proceso sin el cual el alma jamás encontraría la paz que ahora ya reconoce su nombre.

Odiseo (que para quien no haya tenido la curiosidad de averiguar su significado, quiere decir "el que causa odio") no se ve demasiado persuadido a quedarse junto a su hijo y su esposa Penélope en la primera parte de la historia.

Es notable en la narración como Penélope le busca todas las posibles salidas del compromiso con Menelao y Agamenón incluida la de exiliarse y navegar juntos hasta el huidizo sol en el horizonte, y el por supuesto él se niega con argumentos aparentemente inapelables. Sutilmente, en la conversación, se intuye que a él no le parece tan mal soltar las responsabilidades de seguir siendo el reyecito de su pequeño y poco trascendente reino (Ítaca no era especialmente importante en Grecia, era un terruño montañoso y modesto) y en cambio, escapar por un tiempo de su vida doméstica, pacífica pero rutinaria, en la que él parecía contar con demasiado potencial como para quedarse ahí.

Siendo Odiseo "El más inteligente de todos, el más astuto, el más hábil", podemos comprender que ese pedacito del mundo no le imponía buenos oponentes ni rivales, donde aún la mejor mujer humana -bella paciente, fiel, inteligente y astuta-, podía parecer "lo mismo de siempre" y no suficiente como para apaciguar las ansias de salir de su confinamiento e ir a ver mundo.

Tantas son sus ganas de "ver mundo", que después de ver los horrores de la guerra, esto sigue sin ser suficiente para este sujeto a quien se le hace fácil tomar otro camino, no el de los demás, que le conduce a un total de 20 años de ausencia, antes de poder retornar.

La historia es apasionante porque de alguna manera es la travesía de cada uno de nosotros. Cada uno tomó la aventura del alma, de venir hasta aquí, a este escenario de prueba tras prueba en la cual existen monstruos tan grandes y tan fieros como la enfermedad, la guerra, la vejez, la traición, la aflicción, la pérdida etc. etc. etc. y finalmente la última gran prueba: cruzar el umbral de la muerte, para (así lo esperamos), poder volver a la morada eterna en la que ya estábamos en paz...pero recordemos: "una paz que no conoce su nombre", no es paz".

Es aún más interesante notar que en la historia de la Odisea, Atenea le concede a su "protegido" el disfraz de mendigo para poder volver sin que lo intercepten, pero con un nombre muy en particular: Outis

¿Sabes qué quiere decir "Outis"? Outis quiere decir NADIE.

Así tendremos que volver nosotros, ya con el ego disminuido hasta dónde ya ni el nombre nos distinga, ya habiendo probado dolor, soledad, despedidas, decisiones difíciles, elecciones que querríamos no haber tenido que tomar, y por supuesto y al final de todo, con añoranza de aquel Paraíso Perdido que no podíamos comprender antes de perderlo.

Por eso esta historia griega y tantos otros periplos reflejados en las mitologías del mundo nos son tan entrañables, porque no nos resulta ajeno mientras somos nosotros esos serecillos arrogantes, audaces y posiblemente engreídos en nuestras juventudes espirituales, que vamos reconociendo con el tiempo, que la apreciación y la gratitud son las verdaderas virtudes, y que el ver con ojos que si miran que la vida es una oportunidad maravillosa para revelar lo más simple y sencillo, y que esa la verdadera tierra prometida.

Eso me gustaría que trabajemos en este Elul, un viaje de descubrimiento de nuestro odioso ego, (los monstruos), para poder volver ya despiertos, limpios y simples hasta el momento de renacer en vida verdadera, lo que es Rosh Hashaná.

Vamos para allá, lúcidos en nuestra aventura con disfraz humano queridos seres de luz encubiertos.😉

Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta Gestalt

Imagen Nano Banana - prompt Prana Pascual