viernes, 5 de enero de 2024

Como si fuera la primera vez

 

Todos sufrimos a veces de amnesia temporal. Pero hay una amnesia que padecemos la mayor parte del tiempo: amnesia espiritual.

Pareciera ser parte de la condición humana.

Casualmente (o no), las primeras letras de los títulos de los primeros seis capítulos del Libro de Éxodo (Shemot en hebreo) forman la palabra shovavim. El término shovavim es el plural de shovav.

Por si no lo sabes, shovav es un término despectivo para referirse a un niño o una persona inmadura que es maliciosa, traviesa o simplemente insolente. Un ejemplo de shovav sería el niño que te mira fijamente a los ojos mientras hace exactamente lo que le gritaste “recalcaste con ahínco” que no hiciera. Hacer cosas provocadoras como dibujar en la pared de la sala con un marcador indeleble y una gran sonrisa, meter la mano en el frasco de galletas mientras te mira directamente a los ojos y tú le dices: “¡NO!” o correr con tijeras por la casa, etc.

Entonces, ¿cuál es la relación entre el Libro de Shemot y comportarse como un shovav?

Si no estás familiarizado con la simple historia del Libro de Shemot, las siguientes palabras la resumen: Moshé, con las indicaciones de Dios, realiza muchos milagros espectaculares (incluyendo las diez plagas) para liberar a los israelitas de la esclavitud en Egipto, llevarlos al desierto y construir allí el Tabernáculo.

¿Ellos apreciaron sus esfuerzos? ¡NO! A lo largo del viaje solo se quejaron con Moshé: “Empeoraste las cosas. Nos gustaba la comida en Egipto. ¡Estábamos cómodos allí! ¡Queremos regresar!”. Ellos presenciaron los milagros y luego, poco tiempo después, se comportaron como si nada hubiese pasado. Perdieron toda la apreciación de lo que estaban haciendo por ellos. De hecho, muchas de las personas se quejaban repetidamente y se sublevaron. Tenían amnesia espiritual una y otra vez.

Esta no es una clase de historia. La historia es sobre nosotros, la humanidad, y describe lo que hacemos cuando nos comportamos como shovavim con el Creador; tal como lo demuestra nuestra conveniente pérdida de memoria con respecto a las bendiciones constantes en cada momento de nuestra vida. El Creador siempre nos ama, alimenta y nos da una gran oportunidad para llevar a cabo la misión de nuestra alma. Pero lo olvidamos. ¡Todo el tiempo nos quejamos y nos lamentamos de algo! 

“Se levantó sobre Egipto un nuevo rey, que no conocía a Yosef” […] el Faraón dijo: “¿Quién es Di.os para que yo deba escuchar Su voz?”. ¿Por qué es tan importante que él no conocía a Yosef, cuando no conocía a Di.os?

La respuesta a esto es: cuando una persona deja de apreciar a los demás, hasta ahí llega su camino espiritual. El momento en el que el Faraón olvidó que Yosef había salvado el reino, el camino solo podía llevarlo al fracaso.

Su ingratitud por Yosef dio lugar a la miseria que envolvió a los israelitas y, al final, también a los egipcios.

Recuerda: la Biblia nunca habla de otras personas ni de historia. ¡Es un código metafísico atemporal que nos recuerda despertar y recordar!

Cuando olvidamos que alguien hizo algo por nosotros, aunque haya sido pequeño, también comenzamos a olvidar lo que el Creador hace por nosotros diariamente.

De vez en cuando podemos sentirnos agradecidos, pero suele ocurrir luego de una amenaza o después de perder algo o a alguien que queremos. Olvidamos que cuando los desafíos se presentan, en realidad son regalos. Aunque parezcan dolorosos y difíciles, el regalo de una crisis nos ayuda a recordar que el mundo de los cinco sentidos es nuestro Egipto espiritual. 

Cada uno de nosotros firmó un contrato espiritual que consistía en llevar a cabo nuestro tikún (corrección del alma), compartir y perdonar; superar el miedo, el egoísmo y, lo más importante, amar sin temor.

Solo se necesita un segundo para que olvidemos que todo viene del Creador. Cuando esto ocurre, comienza el final de nuestro desarrollo espiritual. Así pues, ¿qué podemos hacer con respecto a eso?

Como recordatorio diario, quiero compartir con ustedes lo que yo hago para recordar:

· Doy agradecimiento: a todos y todo, especialmente a las personas y las cosas que doy por sentadas.

· Busco oportunidades para compartir. Están frente a nosotros todo el tiempo. Compartir cuando es incómodo me saca de mi Egipto personal.

· Uso los 72 Nombre de Dios (el Libro de Shemot en realidad significa “Nombres” y hace referencia a los 72 Nombre de Dios): Yo uso la aplicación de los 72 Nombres de Dios en mi celular, eso me ayuda a mantenerme concentrada cuando medito. ¡Es genial! Nunca salgo de casa sin ella.

Batya Solomon

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