lunes, 30 de marzo de 2026

La lección del ajedrez

Imagina esto: cada acción que tomas, por pequeña que parezca, es una semilla que plantas en el jardín de tu vida. Siembras lo que cosechas, un principio simple pero poderoso que se aplica en cada rincón de nuestra existencia. Al internalizarlo, descubrimos la profunda responsabilidad que conllevan nuestras decisiones —tanto las grandes como las sutiles que a menudo pasan desapercibidas.

Claro, todos reconocemos las decisiones obvias: casarte (y con quién), aceptar un empleo con ciertas condiciones o comprar una casa. Requieren reflexión y generan impactos visibles. Pero ¿y esas "micro decisiones" que tomamos en segundos? Gritar en un momento de frustración, enojarte sin medir consecuencias, maltratar a alguien con indiferencia, o abusar de la confianza ajena. Son semillas diminutas, casi imperceptibles, que se acumulan sin que nos demos cuenta.

Aquí entra una antigua leyenda que ilustra este efecto exponencial de manera brillante: la creación del ajedrez. Cuenta la historia que Sissa ben Dahir, un sabio inventor de la India, presentó su juego al rey Shirham. El monarca quedó maravillado por el ingenio del tablero de 64 casillas y le ofreció cualquier recompensa. Sissa, con humildad, pidió algo aparentemente ridículo: una semilla de trigo en la primera casilla, dos en la segunda, cuatro en la tercera, y así sucesivamente, duplicando la cantidad en cada una (es decir, una progresión exponencial de granos en cada casilla).

El rey Shirham rio, pensando que era una petición insignificante, y aceptó sin dudar. Pero no calculó el poder de la multiplicación. Para la casilla 1: 1 grano. Casilla 2: 2. Casilla 3: 4. Casilla 10: ya 512. Casilla 20: más de un millón. Casilla 30: más de mil millones. Y en la casilla 64... ¡unos 18.446.744.073.709.551.616 granos! No había trigo suficiente en todo el reino —ni en el mundo conocido— para pagar. Shirham quedó en bancarrota, humillado por subestimar la suma exponencial.

Esta fábula no es solo un truco matemático; es una metáfora perfecta que podemos usar para nuestras vidas. Nuestras "pequeñas" acciones negativas —esa indiferencia repetida, el enojo acumulado— se multiplican como granos de trigo, llevándonos al caos sin que lo veamos venir. La falta de perspectiva nos sorprende, igual que al rey.

¿La buena noticia? Tú controlas las semillas. Mantén la perspectiva, cuida cada siembra: elige la empatía sobre el grito, la conexión sobre la indiferencia. Ojalá tu vida sea un jardín exuberante de flores y árboles frutales. Si aún no lo es, revisa tus semillas —¡y empieza a plantar con intención hoy!

¿Qué semilla plantarás esta semana?

Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta Gestalt

Basado en el post publicado en este mismo blog de Afinaciones, basado en un cuento clásico La leyenda de Sissa

Apoyo de Perplexity IA / Imagen Nano Banana Gemini - Prompt Prana Pascual

Observa la semilla. Mayo 29, 2008.


domingo, 29 de marzo de 2026

Un pan con restricción


Esta semana no se lee una porción de la Torah como tal, sino que se dedica a Pesaj, a terminar la limpieza. Habrá incluso quien haya horneado su propia matzá, el pan ácimo o, lo que después en el catolicismo se tradujo "Hostia", aunque no se igual ni visualmente ni en preparación, pero cuenta con los ingredientes básicos que son harina y agua.

Cabe mencionar que hostia como tal, es como en latín se le decía a la víctima de sacrificio, u ofrenda haciendo referencia a la acción de sacrificio animal que se llevaba a cabo, y que después se ha adaptado para representar la inmolación de Cristo y que es con el que se hace la comunión en todos los rituales de misa.

Pero bueno, la matzá se dice que fue el pan que los hebreos tuvieron que hornear demasiado rápido, con prisa para ya salir al Éxodo.

Otra manera de comprenderlo es que es el pan al que no se le pone levadura intencionalmente, para que no se hinche, representando así como la búsqueda de que no se nos agrande el ego, es por así decirlo, incluso podríamos decirle "un pan con restricción"

Es cierto que hay de matzás a matzás. Las comunidades más observantes lo hacen con harina denominada shmura, que es un trigo vigilado rabínicamente desde la cosecha, garantizando que no tenga previo contacto con agua ni fermentación posible.

Aquí me encontré una receta kosher para Pesaj que si gustas puedes consultar: https://immigrantstable.com/matzo-recipe-for-passover/

Quiero mencionar que yo no he probado hacerla ni estoy relacionada con el sitio, pero me pareció interesante porque aclara el punto de respetar los no más de 18 minutos de preparación y además parece tener algunas otras sugerencias para comer la matzá durante toda la semana posterior de Pesaj, que como podemos recordar, no consumimos pan con levadura para mantener nosotros también esa intención de estar libres de ego y trabajando en transformar la "basura" que estemos encontrando en nuestros rasgos de carácter actualmente.

Si te animas a hacer la receta, cuéntamelo en comentarios. No es un pan tan sabroso por sí mismo, aunque hay a quien si le encanta comerlo por crujiente o como acompañante tipo "totopo" para las comidas. (o como verás en el sitio, la gente encuentra como hacerlo "rico" de otras maneras diferentes.😆

Lo realmente interesante es que seguirlo comiendo toda esa semana resulta un buen recordatorio de que todos esos días estamos instalando una nueva consciencia; es parte del compromiso de cambio que estamos llevando a cabo.

Feliz domingo Comunidad

Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta Gestalt

Imagen Nano Banana Gemini prompt Prana Pascual