En el corazón de la enseñanza kabbalística está la afirmación de que la realidad cotidiana —tiempo, espacio y movimiento— es una construcción parcial, una máscara que llamamos el “1%”. Esa máscara organiza la percepción en fragmentos separados: yo aquí, tú allá; presencia gobernada por los sentidos.
Desde ese lugar, nace la frase popular en inglés, “out of sight, out of mind”: si no veo a alguien, lo olvido; su existencia se reduce a memoria episódica y afecto condicionado. Pero la tradición mística nos recuerda que debajo de esa superficie hay una red más amplia: la consciencia compartida que no depende del cuerpo ni de los estímulos sensoriales.
Cuando dos personas trabajan
sistemáticamente para “levantarse por sobre la ilusión” —es decir, para
trascender la identificación con el 1%— su vínculo puede convertirse en algo
que desafía las leyes ordinarias. La kabbalah habla de neshama y de puntos de
luz que resuenan entre almas; cuando esos puntos se afinan, la comunicación
puede ocurrir sin palabra ni presencia física. No se trata de mera fantasía,
sino de cultivar un estado en el que la mente encaja en una frecuencia común:
una especie de telepatía que florece porque ambas consciencias han reducido su
apego a la separación y se sostienen en la realidad de la Ein Sof: la unidad
infinita que precede a la división.
La muerte, desde este punto de vista, no borra la conexión genuina; más bien desenmascara la ilusión del 1%. Enterrar el cuerpo no implica enterrar la verdad relacional. Si aceptamos que la “muerte” del 1% significa dejar atrás la identificación fragmentada, entonces la partida de un ser querido puede ser la ocasión para liberar las proyecciones y reestablecer una conexión más profunda, no inferior.
En términos
kabbalísticos, el descenso del nefesh al olam ha sido completado para la forma,
pero las semillas de luz que conectan las almas permanecen y pueden incluso
desplegarse con mayor claridad cuando se quita la cortina de lo físico.
Cultivar esta conexión exige disciplina interior: desaprender la reflexividad sensorial que nos hace “olvidar” y cultivar la atención prolongada a la resonancia del otro.
Te voy a proponer un ejercicio
práctico, todos estamos aprendiendo y esto puede resultar interesante: imagina dos radios sintonizando la misma emisora. Durante
cinco minutos, siéntate en quietud; respira lento y llama interiormente al
nombre o al “tono” del otro como quien afina un dial. No busques imágenes ni
recuerdos, solo escucha la frecuencia; permite que llegue una sensación,
palabra o imagen sin forzar. Repite con regularidad. Observa si con el tiempo, la práctica
refuerza una memoria que no depende de la vista, y lo que antes era “out of
sight, out of mind” puede transformarse en una presencia continua más allá del
tiempo y el movimiento. ¿Te animas a hacerlo?
Feliz día Comunidad
Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta Gestalt
Basado en clases de Rav Berg / El Centro de Kabbalah Internacional
Imagen Nano Banana prompt Prana Pascual
