viernes, 9 de enero de 2026

Batya - Hija de Di.os


Retomemos entonces la historia. En el libro anterior, en Beresheet porción Vayechi el capítulo cierra con Jacob rodeado de sus hijos viviendo en Egipto, Yosef había gobernado como primer ministro en ese lugar y en general parecía todo bien ordenado y aparentemente en plenitud. Es verdad que ambos mueren en es porción pero todo parecería un final de ciclo que había logrado concluirse satisfactoriamente.

El periodo que los hebreos estuvieron en Egipto partiendo desde la llegada de Yosef es de 430 años y post mortem, entre el final de esa historia y el nacimiento de Moisés se calculan 300 años, mismos en los que "algo" sucedió que volvió a confrontar a los unos con los otros, le podemos llamar olvido espiritual posiblemente debido a que se perdió la apreciación, una virtud kabbalística muy importante, apreciar y recordar a quien nos ha hecho un bien.

En esta ocasión encontramos un fenómeno parecido a los de la actualidad, se vuelve a establecer un "ustedes" y un "nosotros" porque al Faraón comienza a darle miedo la velocidad con la que crecía la población hebrea y pensó que los podrían dominar.

El faraón había decretado la muerte de todos los niños varones israelitas. Iojeved, la esposa de Amram, tuvo un bebé. Durante tres meses pudo ocultar su existencia, pero luego ya no fue posible. Temiendo que lo mataran si seguía escondiéndolo, lo colocó en el Nilo, dentro de una canasta, esperando contra todas las probabilidades que alguien pudiera encontrarlo y le tuviera misericordia. Entonces, esto fue lo que sucedió:

La hija del faraón descendió para bañarse en el río, y sus doncellas caminaron junto al río. Ella vio la canasta entre los juncos y envió a su criada y la tomó. La abrió y vio al niño. Y he aquí un jovencito que lloraba. Se apiadó de él y dijo: "Este es uno de los niños hebreos" (Éxodo 2:6).

Ella le tuvo misericordia y aunque sabía que significaba desobedecer decidió ayudarlo. La providencia actuando hizo que Miriam, aún niña, hermana de Moisés también estuviera ahí (había ido siguiendo el río) y pudieran hacer un acuerdo de que la propia madre original de Moisés actuara como nodriza del niño.

Detalles más detalles menos, esta hija del Faraón -que no era mencionada por su nombre-, se comienza a nombrar en adelante como Batya "Hija de Di.os".

La historia dice así "Moisés no era tu hijo pero lo llamaste tu hijo [...] Yo te llamaré "Mi Hija". Ella se convirtió al monoteísmo y salió junto con los hebreos de Egipto durante el Éxodo, se casó con Mered con quien engendró hijos y se dice que ella fue una mujer tan justa, que entró en el paraíso en vida (sin atravesar la muerte).

Batya es un mensaje importante de que no es un etnocentrismo el que determina el ser elegido, puro o santo. La elección de ser nobles o generosos, de ser como un Di.os con atributos de misericordia, somos nosotros. Nosotros somos quienes elegimos, no importando etnia u origen como tal. Lo importante no es donde comienzas, sino a dónde llegas.

¿Qué te quedas tú para reflexionar de esta Bat-Ya, Hija de Di.os?

Feliz viernes y Shabbat Shalom

Prana Raquel pascual - Psicoterapeuta Gestalt

Imagen “El Príncipe de Egipto”, 1998

Fuentes: AishLatino / Morasha Consolidados por Perplexity IA