Hoy por la noche y todo el día de mañana se hace la conexión del 9 de Av (9 de Leo) o Tisha B'Av, una de las más solemnes de todas las conexiones del calendario kabbalista, por ello, haré un paréntesis en el estudio de las letras.
El 9 de Av (Tisha B’Av) concentra en una sola fecha la memoria de catástrofes colectivas que marcaron la historia del pueblo hebreo, luego, judío: la destrucción del Primer Templo por los babilonios en 586 a.C., la destrucción del Segundo Templo por los romanos en 70 d.C., y otras tragedias posteriores como las expulsiones y persecuciones a lo largo de los siglos. Estas pérdidas no son solo hechos históricos; simbolizan la ruptura del vínculo comunitario y espiritual que sostiene la presencia divina en el mundo. Por eso se señala una fecha específica: para que la experiencia del duelo no se diluya y para que la comunidad sepa dónde y cuándo confrontar el dolor compartido.
Varios de ustedes sabrán, que este es uno de los ayunos anuales que se practican en comunidad, y tiene un propósito específico, práctico y transformador. Al comer, hablar y entretenerse menos, la persona se detiene y crea espacio interior para recordar con seriedad sobre las pérdidas que trae la destrucción como resultado de acciones individuales y colectivas como la falta de unidad, la injusticia o la indiferencia, todas acciones que dan paso a la ruina.
En la tradición se señalan causas concretas de estas devastaciones: divisiones internas entre líderes, injusticias sociales, negligencia espiritual; al ayunar recordamos que éstas no son solo “cosas antiguas”, sino patrones que se repiten si no se atienden.
Dar a la negatividad —la
culpa, la culpa colectiva, la fractura social— un día propio no glorifica lo
malo, sino que lo contiene y lo nombra. Si todo dolor se dispersara sin ritual
ni lenguaje, quedaría inconsciente y operaría en las sombras, repitiéndose. Al
asignar un día para la tristeza pública, la comunidad crea una pausa sagrada:
se permite sentir, aprender y responsabilizarse. Un único día de duelo bien
observado es como una limpieza profunda que evita que la suciedad se propague
por toda la casa del alma.
¿Qué prácticas concretas
sostienen este proceso? Ayuno, lectura de textos de lamento, oración intensa, y
actos de tzedaká y teshuvá (caridad o reparación y retorno o arrepentimiento) son herramientas
complementarias: el ayuno abre la atención; la lectura da forma al dolor; la
oración conecta con el deseo de restauración; y la acción ética transforma el
recuerdo en cambio real. Muchas comunidades también practican silencio,
abandono de música y entretenimiento, y encuentros donde se comenta el
significado ético y espiritual de las pérdidas históricas.
Para quien hace trabajo
espiritual, la consciencia durante el 9 de Av debe equilibrar honestidad y
esperanza, reconociendo la propia contribución a patrones
destructivos, no evitando la culpa ni anestesiándola. Esperanza: entendiendo que al ver claramente lo que se
rompió, podemos responsabilizarnos y trabajar para reconstruir. Esta consciencia
convierte el ayuno en una práctica activa de reparación, no en una culpa
pasiva.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario