miércoles, 22 de julio de 2026

Tisha B'Av, el día de las lamentaciones y una manera de comprenderlo


Hoy por la noche y todo el día de mañana se hace la conexión del 9 de Av (9 de Leo) o Tisha B'Av, una de las más solemnes de todas las conexiones del calendario kabbalista, por ello, haré un paréntesis en el estudio de las letras.

El 9 de Av (Tisha B’Av) concentra en una sola fecha la memoria de catástrofes colectivas que marcaron la historia del pueblo hebreo, luego, judío: la destrucción del Primer Templo por los babilonios en 586 a.C., la destrucción del Segundo Templo por los romanos en 70 d.C., y otras tragedias posteriores como las expulsiones y persecuciones a lo largo de los siglos. Estas pérdidas no son solo hechos históricos; simbolizan la ruptura del vínculo comunitario y espiritual que sostiene la presencia divina en el mundo. Por eso se señala una fecha específica: para que la experiencia del duelo no se diluya y para que la comunidad sepa dónde y cuándo confrontar el dolor compartido.

Varios de ustedes sabrán, que este es uno de los ayunos anuales que se practican en comunidad, y tiene un propósito específico, práctico y transformador. Al comer, hablar y entretenerse menos, la persona se detiene y crea espacio interior para recordar con seriedad sobre las pérdidas que trae la destrucción como resultado de acciones individuales y colectivas como la falta de unidad, la injusticia o la indiferencia, todas acciones que dan paso a la ruina.

En la tradición se señalan causas concretas de estas devastaciones: divisiones internas entre líderes, injusticias sociales, negligencia espiritual; al ayunar recordamos que éstas no son solo “cosas antiguas”, sino patrones que se repiten si no se atienden.

Dar a la negatividad —la culpa, la culpa colectiva, la fractura social— un día propio no glorifica lo malo, sino que lo contiene y lo nombra. Si todo dolor se dispersara sin ritual ni lenguaje, quedaría inconsciente y operaría en las sombras, repitiéndose. Al asignar un día para la tristeza pública, la comunidad crea una pausa sagrada: se permite sentir, aprender y responsabilizarse. Un único día de duelo bien observado es como una limpieza profunda que evita que la suciedad se propague por toda la casa del alma.

¿Qué prácticas concretas sostienen este proceso? Ayuno, lectura de textos de lamento, oración intensa, y actos de tzedaká y teshuvá (caridad o reparación y retorno o arrepentimiento) son herramientas complementarias: el ayuno abre la atención; la lectura da forma al dolor; la oración conecta con el deseo de restauración; y la acción ética transforma el recuerdo en cambio real. Muchas comunidades también practican silencio, abandono de música y entretenimiento, y encuentros donde se comenta el significado ético y espiritual de las pérdidas históricas.

Para quien hace trabajo espiritual, la consciencia durante el 9 de Av debe equilibrar honestidad y esperanza, reconociendo la propia contribución a patrones destructivos, no evitando la culpa ni anestesiándola. Esperanza: entendiendo que al ver claramente lo que se rompió, podemos responsabilizarnos y trabajar para reconstruir. Esta consciencia convierte el ayuno en una práctica activa de reparación, no en una culpa pasiva.

Al final, Tisha B’Av nos ofrece una lección universal: el mal y la pérdida requieren un espacio moral y ritual para ser procesados. Si quienes se dedican al camino espiritual observan el día con atención —con autocrítica, con compasión y con compromiso ético— el recuerdo de la destrucción se vuelve motor de más unión, más responsabilidad social, y un corazón dispuesto a reparar. 

Es verdad que no todos tienen oportunidad de leer la lectura del rollo de Lamentaciones, pero quizás quieras dedicar tiempo a practicar esta reflexión y hacer alguna acción en concreto para materializar el sentimiento.

Te leo en comentarios.

Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta Gestalt

Imagen Nano Banana - prompt Prana Pascual

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