Esta semana no puedo dejar de hablar del olvido.
El olvido de los bienes recibidos, de lo que ha habido entre dos o más, provoca poco a poco un dolor silencioso. Parece que no sucede nada, pero es una fragmentación del mundo, una caída hacia un universo lejano e inaccesible.
Hace un año escribí: El olvido es una forma de ser ingrato.
Piensa tú...¿Por qué olvidamos?
En la vida cotidiana los olvidos tienen que ver con la distracción, la prisa, estar ocupado en diferentes cosas a la vez y al tiempo en ninguna cabalmente. Estar preocupado, o no encontrar la importancia en la situación entre otras posibles razones.
Desde la Kabbalah se nos dice que hay un Ministro del Olvido: Sar HaShich'cha, el Príncipe o Ministro del Olvido, es una entidad angelical en la Kabbalah asociada al mundo de las klipot (cáscaras impuras) que gobierna el velo de la memoria espiritual en el alma descendida al mundo físico. Opera proyectando oscuridad sobre la neshamá (alma divina), ocultando su origen en el Ein Sof para que el ser humano no recuerde su esencia eterna, lo que genera desconexión y apego al ego material.
Forma parte de la corte celestial de la Sitra Ajra (el Otro Lado), bajo la influencia de Samael o fuerzas dinámicas, como se describe en textos como el Zohar y escritos jasídicos. Su rol contrasta con ángeles de memoria como Dumah o Sandalfón, actuando como fiscal espiritual que "borra" recuerdos divinos para probar y refinar el alma en el exilio (galut).
Funciona mediante klipot formados por pecados pasados, gilgulim o pensamientos negativos, que cubren la luz del alma como vestiduras sucias, induciendo lapsus, distracciones y agotamiento espiritual. Intensifica su efecto en momentos de debilidad, como exilios colectivos o personales, similar a la pérdida de nombres en Shemot, donde el olvido colectivo precede a la redención.
Su operación no es malévola, sino providencial: purificar pecados mediante sufrimiento que despierta el olvido, genera una teshuvá, expandiendo las vasijas del alma para recibir mayor luz superior. Al aceptar sus decretos con fe, se endulzan juicios, se rompe el velo y se restaura la memoria divina, acelerando la gueulá personal.
Los seres humanos creemos que no pasa nada, que el olvido no tiene impacto, que tan solo es un "no me importa" que parece abstraernos y "protegernos de sentir", pero nada tan alejado de la verdad como eso. Eventualmente el nivel de aislamiento al que nos lleva olvidar, conduce a un lugar donde nada es suficientemente importante, ni nadie suficientemente apreciable, es un lugar doloroso para el alma, que lo que necesita es conexión.
Shemot es un libro que nos hablará e la necesidad de regresar a la memoria espiritual, a la reconexión con Di.os después de haber entrado en un exilio de su Presencia, no porque El Creador se aleje, sino porque las klipot nos impiden percibirle.
Desde mi perspectiva, lo más severo después de olvidarse de nuestra conexión con Di.os, es que eventualmente llega el olvido de nosotros mismos, y ahí es cuando la redención empieza a ser muy difícil...¿Quién podrá ayudarte si ni siquiera recuerdas que necesitas ser ayudado?
¿Estás olvidando algo? ¡Procura recordarlo antes de perderlo!
Recuerda porque solo así puedes ser extraído de las tinieblas.
Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta Gestalt
Imagen https://panoramacultural.com.co/pensamiento/8611/la-cultura-del-olvido
Fuentes varias https://www.morasha.com.br/es/misticismo/Cabal%C3%A1-y-misticismo.html / https://www.hidabroot.com/article/5729 / https://afinaciones.blogspot.com/2025/01/el-mal-del-olvido.html
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