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domingo, 8 de marzo de 2026

El niño del silbato


Me gusta mucho recordar historias de verdaderos kabbalistas que han estado en este mundo, trabajando para llevar la sabiduría de Kabbalah hacia los humanos.

Uno de ellos con los que encuentro mayor afinidad se llama Baal Shem Tov, el Maestro del Buen Nombre.

Baal Shem Tov vivió en Europa Central en el tiempo en que los estudios de la Torah eran dominados por estudiantes de razonamiento complejo e intrincado. El en cambio, reavivó una relación altamente emocional e intuitiva con el Creador. Su historia personal se lee como si fuera extraída del Zohar, en la que humildes pordioseros y artesanos, de pronto se volvían sabios iluminados.

Durante la primera parte de su vida, , el Baal Shem  era visto como un tonto ignorante  de  buen corazón, bien intencionado pero que sólo realizaba labores de poca categoría en la sinagoga de su pueblo natal en el sur de Polonia.

Un día para sorpresa de todos, un alto --renombrado y respetado--  Rabí de pronto anunció su intención de querer volverse discípulo de esta persona dedicada a hacer trabajos manuales en la sinagoga.

No es necesario decir que esto causó una gran conmoción. El Baal Shem Tov pronto tuvo un gran grupo de estudiantes, así como de adversarios que sintieron que el vulgarizaba las enseñanzas sagradas.

Baal Shem Tov siempre presentó sus enseñanzas, a través de historias y parábolas de sencilla elegancia. Al hacer esto, el volvía accesible  para quien se quisiera acercar a escuchar y a aprender. Por supuesto esto le granjeó enemigos que quisieron incluso acabar con su vida, aunque afortunadamente, no lo lograron.

Una de las historias que me vienen a la mente es una ocasión en la que estaban estudiantes del Baal Sham Tov rezando para abrir las puertas del Cielo, diciendo sus oraciones perfectamente claras y bien pronunciadas, pero los cerrojos del portón seguían cerrados.

Desde atrás, escuchando atentamente, un pequeño niño de pocos recursos que no sabía ni rezar ni leer, se sintió tan conmovido de la belleza de querer conectar con el Creador, que hizo lo que el sabía hacer. No sabía pronunciar las palabras de la luz, pero el contaba con un silbatito el cual empezó a tocar con gran certeza y convicción.

Por supuesto los ruidos que de ello se desprendieron fueron tales, que desconcentró a todos los estudiosos , que dejaron de rezar para ir a retarle y a decirle muy molestos, que guardara silencio para que les permitiera seguir.

En este momento, Baal Shem Tov que era quien estaba dirigiendo el rezo, les pidió que dejarán al niño que siguiera tocando, ya que con la pureza de su deseo, las puertas del Cielo habían sido abiertas. =)

Todas las historias del Baal Shem Tov que he escuchado, son así, sencillas, conmovedoras y nunca están alineadas a la dureza de lo que nosotros podríamos pensar que es lo adecuado.

Las reglas cedían ante la pureza del deseo, sin mayor convención o cálculo. Sin ceñirse a la dureza del deber ser perfecto y para ser sincera, muchos de nosotros somos muy similares a ese niño del silbato 💗

Publicado por Prana Raquel Pascual en memoria de los Grandes Maestros de Kabbalah que han habido.

Feliz domingo.
Imagen Nano Banana Gemini