Hablar de Kabbalah es hablar de un Árbol con múltiples ramificaciones, por tanto se pueden seguir muchos senderos al estudiarla. La vida entera cabe en ella así que no hay como parar salvo que pierdas el deseo.
Con los años de estudiante, he explorado varias de estas sendas aquí con ustedes en el blog, siendo una de las caminatas más asiduas, la de seguir a Moisés por el desierto en múltiples ocasiones.
Todas esas lecciones ya están en el blog y estoy pensando cómo hacerlas accesibles y evidentes para poderlas visitar con frecuencia pero también recorrer otras vías con otros temas que seguramente también serán de tu interés.
Hoy que hemos acabado el Omer y que cerramos fuerte llegando hasta el concepto de ama a tu prójimo como a ti mismo, nos dimos cuenta de que aunque la frase se dice fácil, en realidad tenemos que estar muy preparados para llegar a esa posibilidad.
Hoy quiero hablarte de aspectos del amor, ya sea de pareja o ya sea del prójimo que esté cercano. El punto del que te hablaré hoy es: el amor es un proceso continuo.
Algo que sale en la Torah cuando habla de Isaac y de Rivka, dice que primero
se conocieron, luego se casaron, y luego se amaron. Solo después de que tomaron
esa decisión empezaron a amarse.
En las relaciones de dos personas (lo mencioné en el Omer), dos llegan a ser más que dos y no me refiero ni a un hijo ni a un tercero en discordia, me refiero a que somos "tú" y "yo" y el tercer componente es "la relación en sí misma" (los dos en unidad), como si esta fuera una entidad por si sola.
El "tú" y el "yo", somos individuos. Cada uno podemos tener nuestras decisiones y nuestras prioridades e intereses, eso es verdad, pero cuando quieres hacer una relación permanente y amorosa con alguien, hay decisiones que se "colegian", se consensan. Ninguno de los dos está por encima, ambos tienen el mismo peso, pero la relación tiene el voto definitivo ¿Qué es lo mejor para la relación?
Y aquí el twist kabbalístico que nos explica claramente el Rav Berg: una pareja para sostenerse en el tiempo tiene que tener un deseo de transformarse a través de esta relación, de lo contrario, eventualmente causará aburrición. El limite del no querer cambiar, cierra la posibilidad de avanzar.
La relación es el lugar en el que se está dispuesto a ser modificado para poder crecer, desarrollarse y se hace a través del apoyo de este triangulo que somos tú, yo y la relación comprometida y dispuesta a dar y a recibir.
Ser pareja no es fácil, por eso algunos padecen o claudican al intentarlo. El que no quiera ser transformado a través de la relación, revienta porque no hay manera de permanecer asociado amorosamente a menos que estés dispuesto a hacer ese trabajo de permitirte ser modificado y ayudar al otro a modificarse con AMOR, no por coerción, sino porque para el tercer elemento, la relación en sí, le es necesario para fructificar.
Quien solo quiere la comodidad de no verse perturbado normalmente se quedará en los límites del "quiero" pero no traspasará a las puertas del "puedo". Y seguirá su camino individual impermeable de querer lo suficiente como para ceder.
No es obligatorio relacionarse de esta manera, pero si es de las grandes maneras para darte cuenta de que en individual, todos tenemos nuestros orgullos y necedades que se van cristalizando cada vez más con el tiempo, y que cambiar y transformarse no sucede con generosidad. La individualidad normalmente nos detiene en un solo modo de ser y nos atasca en el "Así soy yo".
¿Tú que reflexionas?
Shabbat Shalom
Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta Gestalt

No hay comentarios.:
Publicar un comentario