Desde los albores de la Humanidad y que los primeros homínidos tuvieron luz de darse cuenta y registrar el Orden de su mundo circundante veremos que el día en qué sucede el equinoccio de la primavera, representa todo un hito en la vida y sustento de las primeras comunidades humanas.
Nosotros viviendo ya en ciudades urbanizadas hemos perdido de cierta manera, esa mirada maravillada de ver el reinicio del Orden y la certeza de que los dioses estaban concediendo un nuevo ciclo, un renacimiento de la vida.
De las culturas más antiguas que comenzaron a no tan solo darse cuenta, sino a construir monumentos que permitieran medir ese tiempo, fueron los creadores de Stonehenge, que contrario a lo que se cree, tiene un origen aún más remoto que el de los Celtas. Stonehenge fue construido por comunidades agrícolas del Neolítico temprano. Estudios recientes mencionan que servía para unir a diferentes pueblos migrantes de la Europa Continental hacia la Gran Bretaña.
Otras culturas que también celebraban este Renacer del ciclo agrícola, que como comprenderemos, era comprendido como la oportunidad de proseguir con El ciclo de la Vida.
Para los hebreos, el mes de Nisán, que se abre tras la luna llena siguiente al equinoccio, inaugura el “año eclesiástico” y comienza con la fiesta de Pésaj, celebración de la liberación de la esclavitud en Egipto y de la renovación del pueblo. El equinoccio señalaba el inicio de un tiempo de liberación y renovación del pacto, cuando la tierra se tornaba verde, los cereales estaban listos y la vida volvía a ser visible como símbolo de la intervención divina.
Las culturas celtas y pictas del norte de Europa veían el equinoccio de primavera como un umbral de renacimiento, fertilidad y triunfo de la luz sobre la oscuridad. El equinoccio se asocia a Ostara, diosa de la primavera y la alba, y se simboliza el despertar de la madre tierra, el inicio de la “mitad luminosa” del año y el renacimiento del ciclo agrícola y humano.
En la antigua Grecia, al equinoccio se conectaba con Deméter, diosa de la agricultura y la fertilidad, y con misterios relacionados con la muerte y resurrección de la vegetación. También sitúan como el momento en que Deméter recupera a Perséfone, la tierra florece y comienza la fertilidad de la tierra y de la vida humana.
En la antigua China, marcaba el cambio climático y agrícola. Se realizaban rituales de ofrenda al Sol (Dàyáng) y, en la tradición imperial china tardía, la familia imperial celebraba el Zhonghe Festival, ofreciendo un “pastel del sol” redondo como símbolo de plenitud y equilibrio.
Los mayas observaban el equinoccio de primavera como un momento sagrado de equilibrio entre luz y oscuridad, y de renacimiento de la vida y de la tierra. En Chichén Itzá, la pirámide de Kukulkán está alineada de modo que, al equinoccio, las sombras forman una serpiente de luz que parece descender por las escalinatas, interpretada como la llegada del dios serpiente emplumada al mundo terrenal.
En Teotihuacan, el equinoccio se asociaba a
la energía de renovación cósmica: el equinoccio marcaba el inicio
de un nuevo ciclo agrícola, el despertar de la tierra y la interacción entre el
mundo terrenal y el divino; era el momento de pedir fertilidad, lluvia y
armonía.
En el mundo andino, el Intihuatana (“donde
se ata el Sol”) de Machu Picchu y otros santuarios incas está
alineado con precisión tal que, en el equinoccio de primavera, al mediodía el
Sol se sitúa justo sobre la piedra y no proyecta sombra.
Este fenómeno simbolizaba el equilibrio cósmico
perfecto entre el Sol (Inti) y la Tierra, y la “atadura” del astro
para asegurar orden en el tiempo y en la naturaleza.
Egipto antiguo: el equinoccio de primavera se
asociaba al renacimiento y la fertilidad; la antigua celebración Sham
el‑Nessim, que se conserva hoy, deriva de rituales de primavera en el Nilo,
donde se festejaba el inicio de la temporada de cosecha con comida, canto y
alegría.
Mnajdra (Malta): los templos megalíticos de Mnajdra están
orientados de modo que el amanecer del equinoccio ilumina el pasillo central,
sugiriendo que el momento servía como marcador calendárico y ritual en una
cultura costera antigua
En la mayoría de estas culturas, el equinoccio de primavera
no era solo un dato astronómico, sino un umbral de inicio:
El equinoccio de primavera se convierte en
un arquetipo de transición en la historia de la humanidad: un
punto de equilibrio puntual del que se derivan imágenes de reconciliación,
fertilidad, liberación y nueva partida, repartido por culturas tan distintas
como los hebreos, los celtas, los griegos, los chinos, los mayas, los pueblos
mesoamericanos y los indígenas andinos.
Feliz equinoccio y reinicio de lo que sea que en tu vida, pueda renacer.
Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta Gestalt
Fuentes consolidadas por Perplexity IA
Imagen Nano Banana Gemini prompt Prana Pascual

2 comentarios:
Feliz equinoccio y reinicio de lo que inicia e tu vida
Muchas gracias, igualmente :)
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