Una enseñanza clave de la porción de la Torá llamada Tzav (Levítico 6:1–8:36) es el mandato de mantener un fuego perpetuo encendido sobre el altar, como se indica en el versículo: "Un fuego constante habrá sobre el altar, que no se apague" (Levítico 6:6).
Los sabios explican que este precepto no solo se refiere al altar físico, sino también al "altar interno" que cada persona tiene en su corazón. Esta llama interna nos recuerda la importancia de avivar constantemente nuestro fuego espiritual para mantener una vida rica en propósito y conexión con lo divino.
La enseñanza del fuego perpetuo invita a reflexionar sobre la necesidad de mantener una dedicación constante en nuestras vidas espirituales y emocionales, incluso en momentos de dificultad. Así como el sacerdote debía alimentar el fuego cada mañana, nosotros debemos renovar diariamente nuestro compromiso con nuestras metas espirituales y éticas.
La espiritualidad es la que nos da el sentido de valía tanto de los momentos felices como de los difíciles, sin la espiritualidad es factible que nada sea los suficientemente significativo como para dar valor a la experiencia de estar vivos encarnados en este cuerpo físico.
Ayer estuve con una persona muy jovencita, una chica de diecisiete años, a lo que le dije cuando empezó a sonar Dancing Queen: Baila con verdaderas ganas porque solo vas a tener diecisiete años una vez en esta vida y justo la canción habla de esa reina danzante que tiene esa vitalidad e ilusión que se tiene a esa edad.
Ella siguió un tanto imperturbable bailando apenas con un poquito de ganas, pero quizás ella comprenda lo que le quise decir hasta mucho después, un día cuando ya no los tenga.
Así lo pienso: siempre que tengas un momento duro o feliz, no te vuelvas de piedra, entrégate a la experiencia con la intensidad que da la llama de la espiritualidad: quizás la eternidad sea un sinfín, un infinito que no perciba demasiado el poder de un instante, pero la experiencia humana son tan solo momentos, que si dejamos pasar, difícilmente podremos recuperar y que nos causarán una añoranza de largo plazo.
La vida en las duras y en las maduras, nos pide estar dispuestos a llenarlos de energía de vida lo más posible en cada oportunidad.
Tanto si las estás pasando mal como si estás en uno de los momentos más especiales, la espiritualidad es el acento que dará un sentido de eternidad y valía a cada segundo que tengas en esta pequeñísima vida humana. No te lo pierdas en el ensueño de la indiferencia.
Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta Gestalt
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