El tercer libro de la Torah se llama Vayikrá, es decir, todo el tomo tiene este nombre, sin embargo, la primera porción, también se llama así, ambos tienen este nombre para aclarar.
Vayikrá en español no se le menciona así, sino "Levítico" ya que aquí se verterán las ordenanzas para estos personajes que eran los que trabajaban al servicio del tabernáculo y después del templo. De hecho, encontrarás que entre los apellidos de familias judías hay los Levy, quienes vendrían de estas ramas de personas que se consagraban al servicio.
El capítulo en sí, de lo que nos va a hablar es de los llamados "korbanot", que en español comprenderemos como "sacrificios".
Los maestros nos explican que aunque esto pudiera parecer una crueldad hacia los animales, en realidad les daba la oportunidad de cumplir una corrección, así que era más favorable para ellos en términos de chispa de alma ser sacrificados que morir de viejos -por decirlo así-.
Sin embargo, esta aclaración no busca que regresemos a esa práctica de delegarle a otro ser lo que a nosotros nos corresponda; ya no habiendo tabernáculo ni templo, sino comprendiendo que el templo móvil somos cada uno de nosotros, el sacrificio se enfoca en hacer sacrificios de nuestra bestiecilla interna, el ego que normalmente es el que nos duele, nos pica y nos punza ante muchas situaciones de la vida y que es el que nos detona ira, celos, rencores, resentimientos, pereza, indiferencia, desgano y muchas otras manifestaciones mucho más allá que la sola vanidad u orgullo con el que lo tenemos identificado.
Todo lo que nos identifique con sentido de víctima, eso es lo que hay que sacrificar y no es necesariamente con actos de penuria física, pero más bien con actos de restricción, es decir, no vivir siempre alineados al principio del placer, tan solo porque nos queramos evitar la molestia o porque nos adula o nos place algo. Esas indulgencias son el tipo de indisciplina que justo nos ablanda la voluntad o libre albedrío dejándonos ineptos o incapaces de enfrentar la vida con valía.
Obsérvalo: si ya te permitiste un pedacito del pastel, ya el segundo o tercer bocado son considerablemente más fáciles de dar porque "al fin...ya caí, ya que más da". Si ya te permitiste hoy faltar al gimnasio, mañana es más fácil. Si hoy ya le faltaste el respeto a alguien, estás en vías de seguir irrespetando a esa persona con más facilidad cada vez y un día sorprenderte hasta llevando a cabo actos violentos. O contra ti mismo: Si ya hoy no respetas tu propia dignidad, mañana es más sencillo que caigas en una espiral de baja autoestima y poco aprecio por ti mismo. Hay muchas maneras en que se manifiesta la caída ante la baja restricción por no aprender a sacrificar a tiempo lo que sea necesario.
Los sacrificios demandan una clara razón de por qué hacerlos, con que consciencia y con que disciplina: la palabra korban, aunque podamos pensar que simplemente significa sacrificio, en realidad quiere decir "acercarse"...¿A quien? Pues en términos simples: A Di.os.
A Di.os o a el Orden superior, o al Di.os que habita en ti. ¿Cómo lo entenderías tú?
No pases tus ojos por estas líneas sin hacer un acto de introspección. En este libro nuestro trabajo será ser observantes de nosotros mismos y de cómo podemos crecer espiritualmente por nuestro propio esfuerzo.
Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta Gestalt
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