martes, 11 de octubre de 2022

Una historia de Sukkot

 


Sé que ya no es la Primera noche de Sucot, pero durante los siete días que dura, tenemos el regalo de podernos atar al lazo de la certeza como lo escribí ayer. Lesc comparto esta historia, espero les guste:

Había un hombre que encuentra una piedra muy grande, un gran diamante, en un pueblo muy pequeño. Ahí no hay ni joyería, pero va con la persona que vende cosas caras y productos de lujo en el pueblo. El hombre le dice: “Mira lo que encontré. Quisiera ver cuánto me das por esto. Y el hombre le dice: “Honestamente yo no te puedo decir cuánto vale esto, no tengo ni idea. Vas a tener que ir a Moscú”. Pero el hombre no tiene dinero, así que habla con la persona que vende boletos de tren, y le pide que por favor le presten dinero y que le ayuden a llegar a Moscú, y que en Moscú él iría con un joyero a vender unas cosas muy valiosas, y después le pagaría a su regreso. 

Eso hace, va a Moscú sin tener que pagar el tren, de igual forma llega a un hotel y habla con el posadero, le explica que no tiene dinero para quedarse y para pasar la noche, pero les explica que va a vender unas cosas muy valiosas y en cuanto las venda le pagaría. Entonces así hace, y al día siguiente, ya en Moscú, va a la calle de los joyeros y habla con el dueño de una tienda donde él cree que puede vender su piedra. La muestra y el joyero le dice: “Nunca había visto un diamante tan grande si te soy honesto.  No, no sé ni cuánto vale esto, pero debe valer mucho. Yo no te puedo ni siquiera dar un precio. Vas a tener que ir a Londres. Entonces el hombre está, por un lado, está muy emocionado porque tiene en sus manos algo muy grande y muy valioso, pero, por otro lado, no tiene dinero para ir a Londres. Vuelve a hacer lo mismo, habla con el capitán de un barco, le explica que no tiene dinero para ir a Londres, pero que necesita ir a Londres a vender algo valioso, y le dice que a su regreso le paga, que por favor confíen en él. Y así lo hace y se embarca rumbo a Londres. 

Mientras está en el barco, por las mañanas él iba al comedor del barco, sacaba su diamante y lo ponía ahí en la mesa durante el desayuno. Mientras comía, se ponía a mirar su diamante y empezaba a fantasear cómo iba a cambiar su vida, la vida de su esposa y sus hijos, cómo iba a tener una nueva vida, y se empezó a dejar llevar por su imaginación. Así varios días, siempre que iba al comedor, sacaba su diamante y se ponía a pensar lo maravilloso que iba a ser su vida. Un día se le olvida cuando termina de comer!! Se le olvida que había sacado el diamante y que lo había puesto sobre la mesa. Simplemente se levantó y se fue. Unos minutos después, cuando se dio cuenta que no tenía el diamante, corrió hacia el comedor para para rescatarlo, y vio al mesero sacudiendo los manteles por la borda. Se asomó al mar y se dio cuenta que su mantel ya lo había sacudido. Se asomó por la borda. “Piensa rápido. ¿Qué hago? Le digo al capitán que detenga el barco y nos aventamos aquí a buscarlo. Pero va a creer que estoy mintiendo. Si le digo lo del diamante va a creer que no tengo con qué pagarle, y entonces quizás me avientan a mí al mar. Va a creer que soy un estafador”, pensaba el hombre. No sabía qué hacer y en ese momento recuerda: yo estuve con mi maestro en la primera noche de Sucot y sé que esto es lo mejor que puedo pasar. “Yo estuve con mi maestro en la primera noche de Sucot y eso es todo", se dijo a sí mismo, “yo hice las conexiones de la primera noche de Sucot y estuve con mi maestro”.

Antes de llegar a Londres, el hombre está en su camarote, pensativo cuando tocaron a su puerta. Él piensa en ese momento: “bueno, ya se enteraron, ya viene, ya vienen a buscarme”. Nervioso, pregunta: “¿quién es?”. “Soy el capitán”, le responden. Se pone más nervioso y se dice a sí mismo “¿cómo es posible que el capitán sepa?”. Abre la puerta, lo invita a pasar, y el capitán le dice: “Oye me gustaría hablar contigo. Te quiero decir algo que nadie sabe y se te voy a confesar. Te quiero pedir que me ayudes”. El capitán le cuenta que antes de ser capitán, él había sido pirata y había robado muchos barcos entonces, que tenía un cofre con grandes tesoros pero que no los podía vender porque, si fuera él con los joyeros y trata de vender los tesoros, lo arrestarían, pues mucha gente sospechaba de él. “Pero tú me dijiste que ibas a ir con un joyero a vender un algo valioso. Quizás tú puedes vender parte de lo mío y yo todavía en la comisión. Nadie lo sabe, ni siquiera en este barco. Yo te puedo dar una comisión si tú vas y vendes estos objetos”, sentenció el capitán. Le dio el cofre al hombre, y éste lo abrió. El cofre estaba lleno de piedras preciosas, oro y muchos objetos valiosos. El capitán le dijo: “toma, tu quédatelo y cuando vayas con el joyero, vemos cuánto te da, y yo te voy a dar una parte por hacerme este favor”. 

Llegan a Londres, y en Londres consigue una posada donde quedarse. Duerme y el día siguiente tocan a la puerta de su hotel. Son los marineros y los marineros le dicen: “Hola, ¿tú eres el hombre que venía con nosotros con el capitán?”. Sí, respondió el hombre. Uno de ellos le dijo: “Te queremos preguntar si vas a regresar con nosotros”. El hombre les dijo que sí, que después de hacer sus negocios, pensaba regresarse con ellos. Los marineros le dicen: “Bueno pues venimos a avisarte que no va a ser posible por qué ha sucedido una tragedia. El capitán falleció y mientras no haya capitán vamos a estar aquí varados en Londres y no hay manera de volver a Moscú. Así que de nuestra parte pues queremos decirte que vuelvas a Moscú por tu cuenta, y que la deuda con el capitán está saldada. No te preocupes, pero no vamos a poder llevarte de vuelta a Moscú”. El hombre, en ese momento se da cuenta de que el cofre con los tesoros del capitán era para él.

Nuestro maestro Michael Berg explica que la lección detrás de esta historia es que hay veces que cuando perdemos algo es porque no es para nosotros, pero, si tenemos la certeza de que eso nos va a llevar a lo que es realmente nuestro, si podemos tener esa conexión con la certeza de que incluso una pérdida que parece grande nos va a llevar a lo que es realmente nuestro, entonces lo que es realmente nuestro va a llegar a nosotros. ¡Jag Sameaj!

Compartido por un entrañable amigo y estudiante de El Centro de Kabbalah Internacional

Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta - Coach

Imagen https://conceptodefinicion.de/diamante/

lunes, 10 de octubre de 2022

El lazo de la certeza

 


Una Llegamos a la semana llamada Sukkot, lo cual no está separado del proceso de Rosh Hashaná, Yom Kippur etc. Por el contrario. Este es el llenado de Luz de una Vasija nueva que hemos creado en las primeras etapas.

La Sucá dentro de la cual nos sentamos, comemos y dormimos (si nos es posible), tiene que ver con las siete nubes que se mencionan en el trayecto de los israelitas por el desierto.

Las siete nubes que estaban en el desierto tienen un propósito, una esencia, una Luz. Se llama el lazo de la certeza. Y dado que necesitamos acceder, despertar y recibir este lazo de la certeza, el Zóhar nos revela que el secreto de Sucot y el secreto de por qué nos sentamos en la Sucá son únicamente por una razón: atarnos al lazo de la certeza

Esto significa que cualquier nivel de certeza que hayamos tenido hasta este momento en el transcurso del año y en el transcurso de nuestra vida, el regalo de Sucot es tal que, si tenemos la conciencia, el entusiasmo y la alegría, podemos terminar los siete días de Sucot atados a la certeza.

Dice, citando el versículo de Cantar de los Cantares: “En Su sombra, yo deseaba residir porque tenía un increíble deseo por la cubierta, por la sombra de la Luz del Creador. Por lo tanto, la fruta que representa la vida después de Sucot será dulce para mi paladar”. 

Pues bien, ¿de qué se trata Sucot? En Sucot podemos alcanzar un nivel de certeza que no podemos obtener en ningún otro momento del año.

Certeza es mucho más que fe, es una confianza plena en el Creador y mucho más.

¿Cómo llegamos a ese punto? ¿Cómo nos aseguramos de que realmente recibamos la Luz de la Sucá? El Zóhar nos dice que la respuesta es un secreto de ese versículo de Rey Shlomó, de Cantar de los Cantares. Debes tener un deseo increíble, tienes que estar emocionado, y así tendrás el mérito de recibir la dulzura y las bendiciones infinitas en este año.

Feliz día Comunidad

Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta Gestalt - Coach

Basado en plática de Michael Berg

https://www.kabbalah.com/es/articles/sukkot-sitting-under-shade-certainty/