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sábado, 28 de marzo de 2026

Fuego espiritual


Estamos recorriendo la porción Tzav (ordena, manda, instruye). 
El foco de la porción es mantener el fuego perpetuo en el tabernáculo, y de ahí podremos derivar que debe permanecer encendido en nuestras vidas.

Los humanos de hace millones de años no tenían control del fuego. Lo conocían a partir de rayos o erupciones volcánicas, pero no le tenían "domesticado". No sabían como generarlo ni tampoco como mantenerlo vivo, pero bajo control (como nosotros debiéramos mantener a nuestro ego). Era un elemento aún en estado salvaje.

El control del fuego marcó un hito antropológico clave en la evolución humana, permitiendo la supervivencia, expansión y desarrollo cultural. Lograr manejarlo, transformó hábitos alimenticios, sociales y tecnológicos, desde entonces y hasta nuestra época. La cocción lograda con el fuego, mejoró la digestión, eliminó patógenos y toxinas, liberando energía para el crecimiento cerebral. Proporcionó calor, protección contra depredadores, luz nocturna y socialización alrededor del hogar, fomentando cuentos y transmisión cultural.

El manejo del fuego también facilitó migraciones a climas fríos, herramientas endurecidas y rituales, impulsando el poblamiento global y la transición a sociedades complejas.

Y ya una vez comprendido su uso, su generación y mantenimiento, podemos imaginar que seguramente ante los ojos maravillados de aquellos antepasados al contemplar la hermosura de esas  salamandras brillantes y chisporroteantes, vieron varias revelaciones a nivel de su psique al asociarlo con algo que también sentían en su interior.

El fuego, espiritualmente hablando, se ha relacionado con la llama que internamente nos ilumina. Se ha asociado con la energía vital porque es caliente, es móvil, es impredecible. Si queremos convivir con él, nos demandará tener un contenedor preparado para que viva y prospere.

El fuego necesita alimento constante, porque a pesar de su vivacidad y fuerza, puede extinguirse si no se le brinda combustible, como la espiritualidad que no se atiende.

En las polaridades podemos comprender que le puedes azuzarle con nuevas ideas, con comprensión, con entendimientos que hacen que levante la llama e ilumine aún más, pero también puedes darle como alimento tu propia carne y paz interior a través de la ira, la rabia, el rencor entre otros consumibles.

El fuego no distingue si está purificando o destruyendo, primero, porque normalmente ambos fenómenos forman parte de un mismo ciclo y segundo porque no es una fuerza moral ni ética per se, el individuo es quien le dará la valencia.

El fuego crece con lo que le proporciones, así que ahí está disponible de acuerdo a tu consciencia: ¿Le das sabiduría, o le das ego? El fuego quemará elevando y consumiendo a la vez, aligerando las cargas innecesarias y liberando las ataduras, o llevándote a negros profundos.

El fuego significa destrucción pero también renacimiento, energía vital y conexión con lo trascendente en la mayoría de las tradiciones. Se traduce como apasionamiento, espontaneidad, autosuficiencia, o también a ser quemado en las llamas de los propios vicios.

Después de la limpieza de Pesaj, el Jametz que encontramos se lleva a quemar en la mañana antes del Seder, ¿Qué purificarás en este año? ¿Qué quedará carbonizado, y que se elevará en Luz de todo lo que estés encontrando en ti mism@ en este trabajo de búsqueda?

Shabbat Shalom Comunidad

Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta Gestalt

Imagen Nano Banana Gemini prompt Prana Pascual

 

viernes, 29 de marzo de 2024

Alimentar el fuego


En las porciones que estudiamos acerca del tabernáculo (el templo móvil que crearon los israelitas para llevar en la travesía en el desierto), el fuego tenía una presencia clave.

Había dos tipos de fuegos, pero ambos debían arder constantemente.

“Y el fuego sobre el altar arderá en él, no habrá de apagarse, y quemará sobre él el sacerdote leños, mañana tras mañana… un fuego perpetuo habrá de arder sobre el altar, no habrá de apagarse” (Vaikrá 6:5-6).

Por un lado, tenemos el Ner Tamid, la lámpara perpetua que se ubicaba en el recinto interior del Mishkán.  En realidad, el Ner Tamid era una de las siete luces que conformaban la Menorá, el candelabro.  

El Ner Tamid es símbolo de la Torá, de la enseñanza.  La luz que irradia se asemeja a la luz que emana de la Torá. Estudiarla nos ilumina, alumbra el camino de la vida.

El otro fuego que recuerda Rashi en su comentario es el Esh Tamid, el fuego perpetuo que ardía sobre el altar, ubicado en el recinto exterior del Mishkán.  Este fuego servía como base para el fuego que quemaba los sacrificios.  Debía arder siempre, por lo que los cohanim tenían que alimentarlo cada mañana con nuevos leños.

Un aspecto interesante de estos dos fuegos es que cuando el fuego del Ner Tamid se apagaba, debía ser encendido con el fuego del Esh Tamid.  Es decir, la luz que iluminaba el recinto interior y más sagrado del Tabernáculo, el fuego que simbolizaba la luz eterna que irradia la Torá y que ilumina el camino de los que la estudian, debía ser encendido desde un fuego que se ubicaba en la parte exterior del Mishkán, junto al altar de los sacrificios.

El fuego de lo espiritual, de lo que da sentido a nuestras vidas, debe ser alimentado día a día con el cuerpo, con el esfuerzo, con la acción cotidiana.

El fuego, siendo uno de los elementales, sabemos que lo vamos a comprender como la naturaleza de la inspiración, la luz que ilumina el camino, un elemento un tanto intangible pero que clarísimamente se manifiesta como un gran transformador del mundo de la materia. Donde hay fuego, hay cambio. Necesita un combustible, de otra manera le es imposible existir. No hay fuego que no nazca de alguna fuente, no flota en el aire, depende de ser alimentado, ser atizado, ser cuidado para que no cunda o no se apague. El agua ya está, la tierra ya existe, el aire es parte ya de la atmósfera. El fuego no necesariamente existe, o existen condiciones o no.

Así es la espiritualidad, así es la transformación personal.

¿Cómo está actualmente tu fuego interior?

Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta Gestalt


Itálica https://www.bet-el.org/old/BetelSemana_Parasha-TZAV.html

Imagen https://jesusmariavelasco.wordpress.com/2019/10/13/atizar-o-reanimar-el-fuego-dar-vid/



martes, 15 de marzo de 2022

Compartir la llama


En la parashá de la semana, Parashat Tzav, existe un especial énfasis en el tema del fuego que ardía en el Mishkán, el Tabernáculo, el templo móvil en el desierto. Leemos, por ejemplo: “Y el fuego sobre el altar arderá en él, no habrá de apagarse, y quemará sobre él el sacerdote, leños, mañana tras mañana… un fuego perpetuo habrá de arder sobre el altar, no habrá de apagarse” (Vaikrá 6:5-6).

Tzav habla de cambiar el balance en nuestra vida, encender la motivación y la fuerza de hacer más cosas que son buenas para nosotros, que nos hacen feliz, nos habla de un despertar y de no rendirnos a la fuerza de la rutina. Habla de encender el fuego, y no permitir que se nos apague.

El fuego de la Torá, debe ser alimentado cada día “desde afuera”, desde lo externo.  El fuego de lo espiritual, de lo que da sentido a nuestras vidas, debe ser alimentado día a día con el cuerpo, con la acción, con el esfuerzo, con la acción cotidiana.

Esto nos recuerda un concepto del que ya hemos hablado aquí en el blog: Itaruta Diletata, "despertar la Luz, desde abajo", encender la luz desde abajo, crear tu propia motivación con acciones que son difíciles para ti, pero que tienes que iniciar tu desde esta tierra, empujarte en tu entorno desde abajo.

Esta porción entonces también se refiere, a "como un fuego, puede encender otro fuego", es decir (en el mejor de los sentidos) como podemos motivarnos los unos a los otros.

¿Qué mensaje puedes decantar de esta porción que ayude a que hagas Itaruta Diletata en tu propia vida y además compartir la llama?

Prana Raquel Pascual - Psicoterapeuta - Coach

Basado en clase de Ruth Rosemberg y Comunidad Masorti Bet - El

Imagen Nombre de Di.os 23 El Centro de Kabbalah Internacional